Entrevistamos a Irune de Costuretas

Hoy seguimos en el blog con la tanda de entrevista a talleristas y es el turno de Irune de Costuretas, un precioso espacio creativo en Barcelona que ha estado con nosotros desde el principio y al que tenemos mucho cariño.

1 Cuéntanos un poco quién eres ¿Qué es Costuretas?

Me llamo Irune Quevedo, mamá de tres preciosos hombrecitos y amante idealista y soñadora de la VIDA, así en mayúsculas. Creo fervientemente que podemos cumplir todo aquello que deseamos, sólo tenemos que creérnoslo primero, pero de verdad. Al fin y al cabo, “creer es crear”. La vida es mucho más corta de lo que pensamos, y debemos vivir en el aquí y el ahora, dedicando nuestro tiempo y energía a aquello que nos llena.
Costuretas Social Club es hoy día un proyecto familiar. Lo formamos mi madre Maite y yo, dos locas de las cosas bonitas a las que el azar nos ha juntado sin haberlo planeado siquiera. Es un espacio donde la creatividad y el placer por trabajar con las manos tienen un lugar especial.
Por un lado, disponemos de cinco máquinas de coser planas y una overlock, que alquilamos por horas, servicio que cada vez tiene más adeptos. Por otro, vendemos telas bonitas y de calidad, o herramientas útiles para varios proyectos creativos, y disponemos de una pequeña sección de artesanía “handmade”, con el objetivo de dar visibilidad de las cosas hechas a mano al público en general.
Pero a lo que dedicamos la mayor parte de nuestro tiempo es a realizar y organizar talleres. De costura, ganchillo, estampación, scrap… Muchos los realizamos nosotras (yo los de costura, mi madre de ganchillo), y muchos otros los realizan toda una red de colaboradores que, día a día, crece más. Si tiene que ver con crear con las manos y disfrutar en el proceso ¡Costuretas es el lugar!

2. ¿De dónde nació tu proyecto?

Inicialmente iba a ser un proyecto entre dos socias, yo y una conocida, aunque al final al poco de abrir ella se marchó y ahí es cuando mi madre entró y le dió su toque a Costuretas.

Queríamos crear un espacio especial, donde la gente pudiera compartir el placer del DIY’s, de crear y hablar de hilos, telas, botones, tintas y sellos alrededor de una mesa con una taza de té en la mano. Nos inspiramos mucho en los “sewing cafe” que habían comenzado a surgir hace años en París y sobretodo en Londres, porque nos gustaba mucho el concepto revolucionario de las máquinas de coser por horas, y poco a poco, le fuimos dando forma, personalizándolo a nuestra ciudad y a nosotras mismas.

3. ¿Cuándo decidiste lanzarte a la piscina y crear tu proyecto?

Al nacer mi segundo hijo dejé mi trabajo anterior (como ¡estadística en una farmacéutica! la de vueltas que da la vida…) porque quería dedicar más horas a la crianza de mis hijos. Luego llegó mi tercer hijo, pero cuando el pequeño cumplió año y medio sentí la necesidad de retomar una vida laboral propia, un espacio en el que sentirme realizada más allá de mi maternidad. Eso sí, no quería sentirme atada a una empresa, con un contrato y unos horarios fijos. Entre otras cosas, la maternidad me enseñó la prioridad de que la vida hay que disfrutarla, y que solo nosotros mismos tenemos el poder de hacerlo. Todo parece mucho más difícil en nuestra mente. Una vez persigues tus sueños, todo va llegando, tú solo tienes que caminar pasito a pasito.

Y respecto a lanzarme a la piscina, pues yo ya soy un poco lanzada de serie. No es que no valore los riesgos, ni mucho menos, pero mi vena soñadora coge a mis miedos de la mano y no me cuesta pegar el salto. Pienso “Bueno, si al final me estrello, me levanto, me sacudo el polvo… y seguro que algo habré aprendido”. Así que desde el primer boceto de idea a finales del 2012 hasta que abrimos las puertas de Costuretas Social Club pasaron apenas cuatro meses. Fue vislumbrar una pequeña posibilidad de hacerlo realidad y ponerse manos a la obra: diseñar un plan de empresa, pedir un préstamo, conseguir el mejor local soñado y… ¡voilà!

Siempre he creído que las cosas, cuando tienen que suceder, surgen de manera fácil. Y en este caso así fue. Aunque también es cierto que nada de todo esto hubiera sido posible sin el apoyo de mi familia.

4. ¿Qué esperas de tu proyecto para el futuro?

Creo que todavía somos un bebé. Ni hace ni dos años que Costuretas abrió sus ojos al mundo por primera vez, y siento que aún nos queda camino que recorrer para consolidarnos. De hecho, en apenas este año y medio hemos ido evolucionando, escuchando lo que nos piden los clientes sin olvidar nuestras prioridades. El objetivo principal de Costuretas es, ante todo, que mi madre y yo disfrutemos de lo que hacemos y creamos cada día juntas, compartiendo con otros un poco de ese placer nuestro. Mi deseo es que mucha más gente conozca nuestro proyecto, aunque ahora ya hemos llegado a un punto de crecimiento constante. Nos recomiendan, la gente repite y poco a poco se va formando una bonita y extensa red.

Creo que ahora es momento de recoger frutos, de respirar hondo, sin todo el estrés añadido de los comienzos y la inseguridad que se genera, y poder levantarme cada día con una sonrisa orgullosa, disfrutando de lo que estamos logrando juntas. Más adelante, en un futuro a largo plazo… Buff ¡vete a saber! Esperaremos a ver qué sorpresas nos trae la vida.

5. ¿Qué sientes cuando enseñas a los alumnos a crear con sus manos?

Es indescriptible la sensación de ver sus caras iluminadas cuando han acabado un proyecto, esa mirada de “¡ostras! esto lo he hecho yo solita” (y es que, no sé por qué, pero casi nunca se creen que van a irse con el proyecto del taller acabado para casa). Hay una magia especial, que me recuerda a la infancia, cuando toda primera vez es un logro que se vive con admiración y respeto. Esas sonrisas de orgullo personal me las llevo dentro, eso no tiene precio.

Y algo de lo que disfrutamos también mucho cuando damos un taller, es el proceso. Quiero decir, que más allá de la técnica aprendida, el hecho de compartir un espacio íntimo, cuidado, trabajando con las manos y compartiendo una taza de té o café genera un ambiente especial que puede palparse en Costuretas. En los talleres más largos veo como semana a semana, se va creando cierta intimidad agradable. Y de algún modo, de eso nos impregnamos cada día. ¡Hacer talleres así es adictivo!

6. ¿Qué es lo que hace especial a Costuretas?

Ay, qué difícil contestar a eso. A veces yo misma me lo pregunto, y supongo que es la combinación de muchos factores. Por un lado, el propio espacio, en una finca antigua del barrio de Gràcia, que es acogedor y único por sí mismo. Por otro lado, la pasión que ponemos cada día mi madre y yo en nuestro trabajo. Nos gusta lo que hacemos, idear nuevos talleres, conocer talleristas maravillosos ahí donde nosotras no llegamos, descubrir nuevas ideas… Y estoy convencida de que la pasión sincera se transmite, casi sin esfuerzo. Y eso llega.

Por otro, y es algo que me han hecho llegar tanto clientes como colaboradores, es la energía especial que se respira en Costuretas. Es difícil de describir, pero realmente siento que conseguimos que la gente se sienta a gusto, como un segundo hogar. Que nos vean cercanas, con confianza… Veo como nuestros clientes entran por la puerta, arrastrando el estrés del día, y poco a poco sus caras se van relajando. Surgen sonrisas y llega la calma.

Creo que realmente las personas que vienen  a Costuretas trabajan muy a gusto. Es un lugar que invita a crear.

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